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jueves, 26 de enero de 2012

Perico Pérez Aguirre

Homenaje a un luchador por los DDHH y la justicia social

 26 Ene 12 (UYPRESS) –  


Se realizó este miércoles, en el Parque Batlle, junto al Obelisco de los Constituyentes, un acto de recordación y homenaje a la figura del sacerdote Luis Pérez Aguirre, con motivo de un nuevo aniversario de su fallecimiento, ocurrido el 25 de enero de 2001.


En el homenaje, organizado por el Ministerio de Educación y Cultura (MEC) y la Red de Amigos de Luis Pérez Aguirre, estuvieron presentes allegados al sacerdote y destacadas figuras del quehacer político y social de nuestro país.

Además de sus amigos, asistieron el ministro de Educación y Cultura, Ricardo Ehrlich y la subsecretaria María Simon, así como niños del Hogar “La Huella”, fundado por el sacerdote y en el que residió hasta el último día de su vida.

La ex legisladora Matilde Rodríguez de Gutiérrez Ruiz y la ex vicecanciller Belela Herrera fueron las encargadas de hacer un repaso de los momentos mas importantes de la vida de “Perico”.

Belela Herrera destacó “su porfiada pasión por lo humano, y una serena ternura, reflejada en su sonrisa y su fuerza inextinguible para seguir luchando por la memoria, la verdad y la justicia”.

Matilde Rodríguez, en tanto, señaló que Pérez Aguirre tenía una polifacética personalidad, y aseguró que le provoca una profunda alegría recordar su sonrisa.

Agregó que el sacerdote encaró “sin ingenuidad” el problema de la injusticia en la sociedad, con claridad para identificar las causas, y que tuvo el valor para denunciarlas y la fuerza para combatirlas. Y como educador, dijo, transmitió su particular sensibilidad ante el dolor humano, especialmente el de los más pequeños.

También recordó que Pérez Aguirre trabajó desde la década del 70 atendiendo la falta de vivienda de las familias más pobres. Desde SERPAJ, además, enfrentó a la dictadura y luchó por las libertades.

Semblanza

“Perico” Pérez nació el 22 de abril de 1941 en una numerosa familia, cursó su educación primaria en el colegio Richard Anderson y enseñanza secundaria en el colegio Sagrado Corazón.

Al terminar sus estudios realizó su primer vuelo como piloto civil, tras completar los cursos en Escuela de Aviación Civil Ángel Adami. Dos años antes había cruzado la Cordillera de los Andes escalando el macizo del Aconcagua, hasta su cumbre de 5 mil metros de altura.

Pérez Aguirre canalizó su compromiso social con el prójimo a través del sacerdocio. Ingresó a la Compañía de Jesús y completó su formación académica sacerdotal en Argentina y Canadá.

En julio de 1970 se ordenó sacerdote en Montevideo y en 1973 inició una acción pastoral en la zona portuaria; particularmente desarrolló un trabajo de asistencia y solidaridad con las prostitutas en lo que entonces era conocido como " el bajo" de Montevideo. En 1988 colaboró activamente con ellas en la creación del sindicato de trabajadoras sexuales (AMEPU).

En 1975 apuntó su acción hacia los niños abandonados y fue uno de los fundadores de la granja-hogar La Huella, junto a Mario Costa. En 1978 pasó a vivir en La Huella y en 1980 participó del proceso fundacional de la revista pedrense La Plaza, dirigida por Felisberto Carámbula, junto a Marcos y Gonzalo Carámbula.

Entre 1976 y 1982 fue detenido y citado en numerosas ocasiones por la Fuerzas Armadas y sometido a torturas en la Jefatura de Policía de Montevideo.

En 1981 fue co-fundador del Servicio de Paz y Justicia (SERPAJ) y en su sede en 1983 realizó una huelga de hambre junto al sacerdote Jorge Osorio, con el objetivo de apoyar la reanudación del diálogo entre los militares y los partidos políticos.


En el año 2000 fue convocado por el entonces Presidente Jorge Batlle y aceptó integrar la Comisión para la Paz, para aclarar la situación de los ciudadanos desaparecidos durante la dictadura militar en la década de los 70. Pérez Aguirre trabajó en las gestiones que terminaron en el reencuentro del poeta argentino Juan Gelman con su nieta desaparecida.

Luis Pérez Aguirre fue autor de quince libros editados en numerosas lenguas: ensayos sobre teología, derechos humanos, pedagogía. Ejerció el periodismo en numerosas revistas y periódicos nacionales e internacionales. Brindó conferencias internacionales en instituciones académicas y privadas de numerosos países.

Por su lucha en la defensa de los derechos humanos recibió numerosos premios internacionales y distinciones: Orden Nacional de la Legión de Honor en grado de Oficial (1985), Francia Premio Libertades y Derechos Humanos (1986), Premio UNESCO de Educación para la Paz.

“Perico” Pérez Aguirre falleció en un trágico accidente de tránsito ocurrido una nochecita del 25 de enero del 2001 en Costa Azul.

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Las voces de las víctimas en un coro griego: "Antígona oriental"

El país. 26 1 12
Estreno. El sábado sube a escena en el Teatro Solís una obra ambiciosa. 

Este sábado el escenario mayor del Teatro Solís recibe a "Antígona oriental", un cruce entre teatro testimonial y tragedia griega que cuenta con la participación en escena de ex presas políticas, hijas y exiliadas de la dictadura.

Se trata de una coproducción germano-uruguaya, con dirección del destacado director alemán Volker Lösch, que se dará por ocho funciones, hasta el domingo 5 de febrero. La obra cuenta con un equipo de artistas uruguayos de primer nivel, entre los que se encuentran Marianella Morena (a cargo de la dramaturgia), Paula Villalba (escenografía y vestuario) y Carolina Besuievsky (preparación corporal).

Seis actores profesionales (Sofía Espinosa, José Pedro Irisity, Sergio Mautone, Victoria Pereira, Bruno Pereyra y Fernando Vannet) encarnarán los papeles de protagónicos, mientras que el coro de la tragedia griega estará integrado por quienes vivieron de primera mano los testimonios que la pieza relata. Al respecto, se incorporan al texto discursos personales de esas mujeres, interpretados por ellas mismas, que se entrelazan con el material dramático de Sófocles y el de Morena.

La primera etapa de trabajo tuvo lugar en febrero de 2011, cuando se realizaron los trabajos de investigación y de dramaturgia, elaborándose una versión actualizada de Antígona. Luego de convocar un casting, se realizaron las entrevistas, referidas fundamentalmente al pasado de ese grupo de mujeres, focalizando en la prisión, la tortura, y también en sus relaciones familiares y a la situación política de ese momento. También se habló acerca de sus actuales condiciones de vida, sus reclamos, y la situación de la izquierda en Uruguay.

Así se pudo reunir un copioso material que fue condensado para volcarlo en el texto del espectáculo, el coro incluido. También se procedió al trabajo en escena con las mujeres convocadas, para quienes esta presentación significa una experiencia fuertemente removedora. Bajo la conducción de la directora Luciana Lagisquet (quien cumple el rol de asistente de dirección), las participantes se encuentran dos veces por semana, para trabajar sobre la asimilación de los textos. Más adelante se desarrolla la relación de los textos con la escena, para ir incorporando aportes de los rubros técnicos en una producción de gran despliegue.

Pero en realidad este proyecto tiene raíces más profundas, que se remontan a la visita de Lösch a Uruguay en 2009, cuando tomó contacto con el Museo de la Memoria y demás protagonistas de este proyecto.

Antígona, de Sófocles, aborda el poder del Estado y sus límites, y en particular el derecho del individuo a oponer resistencia a la autoridad. En ese sentido, la protagonista de la pieza representa ese derecho privado que se contrapone al público. En este montaje, además, esa mirada se complementa con un tipo de teatro testimonial, que multiplica los sentidos en juego.

Una de las integrantes del coro, Ana Demarco, ex presa política, respondió ante la pregunta si subiría a escena para encarnar su propia vivencia: "En 1986 estábamos simplemente felices por haber sobrevivido. Hace diez años seguíamos sintiendo lo mismo, aunque acotamos en voz baja que teníamos algo para decir. Hoy queremos y debemos contar nuestras historias. Se trata del derecho a elaborar el pasado, el derecho a la memoria, el derecho a una vida en dignidad y justicia. Se trata de la verdad".

Antígona oriental va desde el sábado hasta el 5 de febrero, por ocho funciones, todos los días menos el 1° de febrero. Se da a las 21:30 horas menos los domingos, que es a las 20 hs. Entradas en Red UTS a $ 150.

"No es teatro importado"


Volker Losch
Esta es la primera vez que Volker Lösch realiza una puesta en escena en Uruguay, aunque el director alemán cuenta con una notable carrera que incluye trabajos con las mayores instituciones teatrales alemanas. En sus inicios este artista trabajó como actor, contratado por el Deutsches

Nationaltheater de Weimar y el Neumarkt Theater de Zürich.

En 1995 realizó su primera puesta, y desde entonces se dedica solo a los montajes escénicos, habiendo trabajado en los teatros oficiales de Berlín, Berna, Bonn, Bremen, Dresden, Düsseldorf, Essen, Freiburg, Graz, Hamburgo, Leipzig, Oberhausen, Saarbrücken, Stuttgart, Tübingen, Wuppertal y Zurich. En esas y otras ciudades puso en escena más de 50 grandes espectáculos, entre ellos "Marat: ¿qué ha sido de nuestra revolución?".

"Con excepción de mi persona, el equipo es cien por ciento uruguayo y, en ese sentido, estamos haciendo teatro uruguayo: no es una importación desde Alemania", asegura.

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lunes, 23 de enero de 2012

Retoma la palabra

La Diaria. 23 1 12. Por Lourdes Rodríguez.


Documental sobre Walter Medina realizado por su sobrina motiva una nueva denuncia por su asesinato durante la dictadura.

“Consulta popul…”. Walter Medina no pudo completar la frase. Antes de que terminara de pintarla sobre un muro de Piedras Blancas, el 8 de julio de 1973, cuando tenía 16 años, un policía lo ejecutó por la espalda. Treinta y seis años después, su sobrina Natalia Medina, hija de exiliados nacida en Suecia, vino a Uruguay para rescatar la historia y plasmarla en el documental La memoria de Walter. A partir de su estreno, en diciembre, aparecieron poesías que se daban por perdidas, el testimonio de compañeros de militancia, nuevos recuerdos y también la necesidad de hacer la denuncia ante la Justicia.

Cuando Natalia Medina tenía 15 años, su padre le dijo que ella era muy parecida a Walter. “Mi papá siempre tenía una foto del hermano al lado de su cama. Yo había empezado a hacer poesía y teatro, y creo que por eso me decía que me parecía a él”. Así se encontró con la historia Natalia, que ahora tiene 25 y que el sábado partió de regreso a Suecia, donde, desde el exilio en 1978, también residen sus padres.

Su hermano, Martín Medina, también nació en Suecia pero vive en Uruguay desde los tres años. “Siempre tuve la referencia histórica del mártir estudiantil. No fue tanto por el lado familiar sino por el lado de mi militancia”, contó a la diaria. De adolescente, Martín, que ahora tiene 30, militaba en el Partido Comunista. “No sé cuándo supe que Walter era mi tío. Era una historia conocida en el ámbito de la militancia”, indicó.

Walter inició su militancia en la Unión de Juventudes Comunistas, pero al momento de su homicidio pertenecía a la Juventud del Partido Socialista. La noche del 8 de julio, el joven fue asesinado de un tiro en la espalda efectuado por un policía mientras él escribía la pintada “consulta popular” en un muro ubicado en Campamento y Teniente Rinaldi, como entonces se llamaban las calles. Pero hasta ahora se sabe poca cosa más.

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Documentalista de profesión, Natalia pensó en trabajar con la historia de su tío hace cuatro años, cuando vino a Uruguay a visitar a sus abuelos, los padres de Walter. “Me contó mi abuela que había una calle nombrada Walter Medina en Piedras Blancas. Ahí empecé a pensar lo que él significaba acá. Era más que un hermano de mi papá y del hijo de mis abuelos, porque todos no tienen una calle”, dijo a la diaria. Pero también quería saber más: “Pensaba que si yo hacía el documental me daba tiempo para hacer todas las preguntas, todo lo que no me decían. Así que también era una excusa”.

La vida de sus abuelos Elsa y Hugo transcurre en el documental durante la última campaña electoral en 2009 y culmina con la segunda victoria frenteamplista. “Walter murió escribiendo ‘consulta popular’, así que era muy natural filmar justo cuando estaban las elecciones, y sabía que éstas eran una parte grande de la vida de mis abuelos. Era muy importante votar para ellos. También se tenía que hacer la película en ese momento porque los abuelos eran muy viejos y sabía que mucho tiempo no me iba dar”, señaló Natalia.

Elsa y Hugo, protagonistas del documental, fallecieron antes de que el material estuviera pronto. “Nunca les pregunté por qué no hicieron la denuncia”, dijo Martín, que ahora sí se lo cuestiona. Los abuelos decían que “la versión” que les había llegado era que el policía que asesinó a Walter fue procesado con prisión. “En parte eso los frenaba”, añadió Martín, quien reconoció que hasta ahora esa información no tiene sustento y que además existen distintas versiones de lo sucedido.

Natalia piensa que no denunciaron porque “les dolía demasiado”. “No hablaban de eso juntos. Era como que los dos estaban en su pensamiento y en su dolor. Los dos perdieron un hijo juntos, pero también es cierto que me decían cosas cuando el otro no estaba presente”, continuó. “Como que nunca cerraban su dolor”, coincidió su hermano. “Las pocas cosas que me comentó mi abuela, no estaba mi abuelo presente. El tema no lo trataban cuando uno estaba con el otro”, concluyó.

Aquella elección tan importante para los abuelos también significó el fracaso de una consulta popular, la de la anulación de la Ley de Caducidad. “No se tendría que haber plebiscitado, esas cosas no se plebiscitan. Es como decidir si te pueden matar o no, ¿quién tiene derecho a decidirlo?”, se preguntó Martín.

Aquellos vecinos

La memoria de Walter se estrenó el 11 de diciembre en el Festival Internacional de Cine de Uruguay Atlantidoc y simultáneamente en Suecia, en el reproductor de DVD de la casa de los padres de Natalia y Martín. “Estaban muy emocionados. Mi papá no decía mucho, pero lo más importante era que decía ‘gracias’”, contó Natalia. En Atlántida, varias personas se acercaron a ella para intercambiar sobre la historia. Una de ellas fue Pablo Carrió, compañero de militancia de Walter en la juventud comunista.

Carrió contó a la diaria que se enteró de la historia y de la proyección del documental escuchando una emisora (Radio Nacional) y que fue a verla. Le dijo a Natalia que varias veces, con otros compañeros, habían querido hacer la denuncia ante la Justicia pero no tenían información sobre lo sucedido ni habían podido contactar con familiares directos, y la alentó a hacerlo. “Desde ese momento fue que pensé en denunciar”, dijo Natalia. Carrió todavía recuerda la pintada: “A principios del 77 caigo preso, pero tengo entendido que durante mucho tiempo, bajo innumerables capas de cal y pintura, seguían volviendo a surgir las letras cada vez más desprolijas por el apuro de la frase ‘consulta popular’”.

También se comunicó con Natalia Antonio Gómes. Como Carrió, se enteró de la realización del documental a través de un medio de comunicación (Radio Uruguay), y le entregó las poesías de Walter a su sobrina. “Creíamos que se habían perdido, pero no. Estaban ahí”, dijo Natalia. Gómes contó a la diaria que era amigo de los padres de Walter y también de José María Castro, “un viejo anarco de toda la vida”, ya fallecido. “Castro era mueblero, profesor de la UTU y tenía una gran inquietud literaria y cultural como mucha gente de izquierda. Él tenía poesías de los años 40, de Rubén Lena, de Serafín J García, y tenía las de Walter”, señaló Gómes. Un día, Castro compartió con Gómes la poesía de Walter, como lo hizo con otros tantos libros. Castro, además, impulsó y realizó las gestiones para que una calle del barrio llevara el nombre Walter Medina. “Él es un mártir del pueblo uruguayo, de Piedras Blancas y de la juventud. No hay que embanderar partidariamente porque empobrece el mensaje”, resaltó Gómes.

La decisión de radicar la denuncia por el homicidio de Walter Medina ya está tomada. “Ahora estamos tratando de encontrar testigos en el barrio de Piedras Blancas para saber qué pasó esa noche”, explicó Natalia. Su hermano se sumó a la búsqueda: “Queremos saber qué fue lo que pasó. Y una sentencia que diga que ese policía es un asesino. No sé si irá a prisión o no, pero que sea acusado, que sea culpable. Todo esto es parte de cerrar la historia”.
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El Estado vuelve a bordo

La Diaria. 20. 1. 12. Columna de opinión.
Por Marcelo Pereira.

"Vada a bordo, cazzo!", le gritó Gregorio de Falco a Francesco Schettino, el capitán del crucero Costa Concordia, que naufragó el viernes 13. De Falco también es capitán, pero de la guardia costera de Livorno; dijo lo que dijo ("¡Vuelva a bordo, carajo!") cuando hablaba por teléfono con Schettino, intentando que éste, en vez de "coordinar el rescate" desde un bote salvavidas, se hiciera cargo de la situación en el barco que había abandonado, y cuyo choque contra una roca, al parecer, se debió a una maniobra imprudente e innecesaria dispuesta por su comandante. En el Costa Concordia viajaban más de 4.000 personas y hubo, por lo menos, 11 víctimas fatales.

La consigna de orden se ha vuelto un éxito en Italia: impresa en camisetas, representa un llamado genérico e indignado (la palabra de moda) a la responsabilidad, en una sociedad que aún sufre la resaca del gobierno de Berlusconi.

En nuestras latitudes, casi 28 años después de la asunción del primer gobierno posdictatorial, el Estado uruguayo decidió asumir su responsabilidad en otros naufragios. Según anunció el canciller Luis Almagro (ver la diaria del 16/01/12, página 3), se está coordinando la realización de un acto reparatorio para “pedir perdón” a las víctimas de la dictadura. Esto es parte del cumplimiento del fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos en el caso Gelman, como lo fue la aprobación de la ley 18.831, que anuló la de caducidad y declaró que son crímenes de lesa humanidad los delitos amparados por ella.

Es una pena y una vergüenza, pero así son las cosas: durante más de un cuarto de siglo el clamor de muchas voces fue ganando terreno, lentamente, para la verdad y la justicia, pero lo de ahora se desencadenó porque la Corte Interamericana le gritó al Estado uruguayo que se hiciera cargo de una vez. "Es que está oscuro", le decía Schettino a De Falco. "No me estoy negando", aseguraba. Afirmó que quería subir a bordo pero no podía. Era mentira.

No fueron sólo sucesivos presidentes de la República, titulares del Poder Ejecutivo junto con sus respectivos ministros. Fueron también el Legislativo y el Judicial. Los tres se negaron reiteradamente a cumplir con su deber y hace poco, demasiado poco, que desandan el camino de la omisión culpable. Antes, fecundos en ardides, ensayaron cuanta chicana pudieron imaginar para que las cosas no fueran llamadas por su nombre. Para que no se dijera, por ejemplo, algo tan obvio como que la responsabilidad del terrorismo de Estado es estatal. Tarde, muy tarde, piaron obligados. Y queda mucho por cantar.

Organismos del Estado encomiendan a investigadores que produzcan relatos documentados de los crímenes, y presentan públicamente el resultado de esos trabajos en gruesos volúmenes en los que se aborda, además del qué, el cuándo y el cómo hasta donde ha sido posible develarlos, la cuestión crucial del por qué. Pero el Estado, tan hábil para condensar su discurso sobre muchos otros asuntos en fórmulas de fácil comprensión, parece que no hallara el modo de comunicar con claridad por qué mató, hizo desaparecer, se apoderó de bebés y quiso borrar sus identidades, torturó, violó, robó a sus víctimas indefensas como el más ordinario de los rapiñeros. Cuál era el plan, quiénes lo dictaron, a qué intereses servía. Qué razón de Estado se quiso imponer, y contra quiénes.

Eso también es hacerse cargo, volver a bordo y conquistar, después de tantos años, pleno derecho a sostener el timón.
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jueves, 19 de enero de 2012

Gral (r) Pedro Barneix seriamente comprometido

Confesión explícita. Documentos de la justicia militar involucran a general en la muerte de detenido. 


Brecha 13 1 12. Escrito por: Samuel Blixen

La situación judicial del general (r) Pedro Barneix está sumamente comprometida: un expediente de la justicia militar lo involucra directamente en la muerte de Aldo Perrini, detenido en febrero de 1974 en el cuartel de Colonia; y la autopsia correspondiente no deja lugar a dudas: murió como consecuencia de las torturas.

El militar fue uno de los designados por el ex presidente Vázquez para recabar información sobre el destino de los desaparecidos. En ese entonces no era conocida su participación en interrogatorios a detenidos durante la dictadura.

Si el general Pedro Barneix, antiguo jefe de inteligencia del Estado y responsable directo, designado por el presidente Tabaré Vázquez, para obtener información militar reservada sobre los desaparecidos, no ha declarado aún ante la jueza Mariana Motta y la fiscal Ana Tellechea, en el Juzgado Penal de Quinto Turno, es porque el Ministerio de Defensa Nacional no aportó a la sede judicial la dirección particular del general, a efectos de imponerle la citación obligatoria. Otros dos militares implicados directamente en los "interrogatorios rigurosos" a que fue sometido Perrini -los coroneles (r) José Agustín Baudean y José Puigvert-  ya declararon y en términos generales confirmaron el contenido de unos documentos que, según el abogado Óscar López Goldaracena, son una prueba irrefutable del asesinato.

Las acciones judiciales por la muerte de Perrini (uno de los 19 crímenes perpetrados por el aparato represivo del Estado para los cuales la ley de caducidad fue declarada "inconstitucional e inaplicable") se iniciaron en 2010 y a fines del año pasado la Suprema Corte de Justicia autorizó a la jueza Motta a realizar una inspección ocular en el cuartel de Colonia, a efectos de determinar con exactitud los lugares físicos donde, según numerosos testimonios, Aldo Perrini fue brutalmente castigado y torturado hasta morir. Durante casi dos horas de recorrido, los testigos pudieron identificar ante los magistrados el lugar, en las caballerizas, donde permanecían de plantón; el sótano, debajo del casino de oficiales, donde se practicaban las torturas; y la pieza, junto a la cocina, donde funcionaba la "sala de interrogatorios".



"Te pasaste."

 Una característica particular de este caso, según el abogado López Goldaracena, es que el asesinato de Perrini fue consecuencia de una razia contra vecinos de Carmelo. "No se trataba de sediciosos o subversivos, como gusta calificar la teoría de los dos demonios; eran simplemente simpatizantes frenteamplistas" que fueron secuestrados de sus casas, encapuchados, esposados y trasladados al cuartel donde fueron sometidos a brutales castigos y al repertorio de torturas: plantón, submarino, picana, y en el caso de las mujeres, violación.

La redada en Carmelo ocurrió el 24 de febrero de 1974; 11 detenidos (hombres y mujeres) fueron trasladados en un camión hasta el cuartel del Batallón de Infantería Número 4, en Colonia, entre ellos "Chiquito" Perrini, un vecino de 34 años muy conocido en el pueblo, porque "vendía los mejores helados de Carmelo". Otros detenidos de ese día de Carnaval fueron llevados primero a Mercedes, y al regreso hacia Colonia algunas mujeres comenzaron a ser violadas en el mismo camión, según los testimonios incorporados en el expediente judicial.


La práctica de los abusos sexuales sistemáticos contra las detenidas fue una causa directa de la muerte de Perrini. Como el resto de los secuestrados, Perrini fue sometido a picana y submarino, de modo que el 3 de marzo, una semana después, estaba sumamente debilitado.


Pero, tal como confirman varios de los testigos, cuando en el mismo lugar donde estaban de plantón algunos militares pretendieron violar a unas detenidas, Chiquito protestó y pretendió auxiliarlas. Fue entonces que el personal militar se ensañó con él. En medio de la salvaje golpiza, Perrini gritaba: "helado, helado", para ser identificado por sus compañeros. Hasta que los gritos cesaron abruptamente y algunos de los detenidos oyeron una exclamación de uno de los torturadores: "Te pasaste". Recién días más tarde los detenidos supieron que Chiquito había muerto, y tomaron conciencia de que su muerte mejoró la situación de los restantes: "Por la muerte de Chiquito pararon la mano con la tortura".

TRATO RIGUROSO.


Algunos de los testigos, como las hermanas Noemí y Ruth Castillo, afirman que la visita ocular colectiva al cuartel de Colonia, a fines del año pasado, les permitió superar el miedo y el pudor que aún arrastraban, y denunciar, por ejemplo, los abusos sexuales. De las múltiples diligencias ordenadas por la jueza se tenía una lista bastante completa del personal militar, oficiales y tropa que revistaba en el batallón en el momento de la muerte de Perrini.

Pero la compartimentación a que estaban sometidos los detenidos, encapuchados o vendados, hacía más dificultosa la identificación de los autores materiales del asesinato. Sin embargo, la sede judicial recibió un documento inesperado: al solicitar toda la documentación existente en cualquier repartición estatal vinculada al caso, apareció un expediente del Supremo Tribunal Militar archivado en dependencia de la justicia ordinaria. Ese expediente incluía las actuaciones de jueces sumariantes por la muerte de Perrini y las actas de interrogatorio al personal militar; asimismo incluía el informe médico sobre la autopsia practicada en el Hospital Militar.

De esa documentación se desprende la identidad de los tres oficiales que interrogaban a Perrini inmediatamente antes de morir. La declaración que formuló el entonces capitán José Agustín Baudean es reveladora: "El día 3 de marzo siendo aproximadamente las 17 horas fue llevado a la sala de interrogatorios el presunto sedicioso Aldo Francisco Perrini.

Durante el transcurso del mismo el presunto sedicioso sufrió un desvanecimiento. Ante ello, el suscrito le ordenó al teniente primero José Puigvert que llamara primero al enfermero y después al médico de la unidad. En la sala de interrogatorios se encontraban presentes el teniente primero José Puigvert, el teniente primero Pedro Barneix y el suscrito" (véase facsímil). El médico Eduardo Solano "se hizo presente a los pocos minutos" y aconsejó trasladar al "enfermo" a Enfermería, mientras un alférez de apellido Molina se trasladaba hasta la casa del segundo jefe de la unidad, mayor Washington Perdomo, para informarle de lo sucedido. En la segunda pregunta formulada a Baudean, el juez instructor quiso saber "si al presunto sedicioso se le realizaron apremios físicos". El capitán Baudean "responde: Que no".

Sin embargo, el teniente Pedro Barneix de alguna manera desmiente al capitán Baudean. En el acta de sus declaraciones aparece afirmando que "durante la guardia del día 3 no constató ninguna anormalidad con los detenidos".

 La siguiente pregunta revela que la tortura a detenidos no era una anormalidad: "Preguntado: si sabe o presume las causas por las cuales el presunto sedicioso Aldo Perrini presenta hematomas en su cuerpo al realizarse la autopsia, contesta: que no sabe, pero presume que pudieron haber sido ocacionadas (sic) por el trato riguroso que el personal debe exigir a los detenidos e incomunicados para mantener la disciplina y la compartimentación, en virtud de encontrarse los detenidos en un solo alojamiento".

Según declaró el mayor Perdomo, Perrini fue trasladado "en estado delicado" a Montevideo, pero "falleció en el quilómetro 110 de la ruta 1". El médico José A Mautone (un viejo conocido de las crónicas sobre el terrorismo de Estado) describió las consecuencias de ese "trato riguroso" en el informe sobre la autopsia del cuerpo de Perrini: "El examen externo enseña múltiples hematomas y equimosis en parte anterior del tórax y abdomen, especialmente en hipogastrio y genitales externos, múltiples hemorragias en el panículo adiposo subyacente, equimosis en miembro inferior derecho y antebrazo izquierdo.

 El examen interno enseña pulmones particularmente distendidos, congestivos, con hemorragia subpleural. En resumen: del estudio que antecede surge como causa de muerte el edema agudo de pulmón, originado en el stress", es decir, como consecuencia de la asfixia, lo que revela que Perrini murió por las torturas a las que fue sometido.


Para el abogado López Goldaracena, la admisión de que se le aplicaba a los detenidos un "trato riguroso" es una confesión explícita de la práctica de torturas, que en este caso derivó en un asesinato, como se desprende del informe de la autopsia; y por ello, las declaraciones de Barneix y Baudean, admitiendo su presencia en la sala de interrogatorios en el momento del "desvanecimiento", será el aspecto central de las determinaciones que adopten los magistrados cuando se retomen las actuaciones tras la feria judicial mayor.

El abogado representante de la familia Perrini explicó a Brecha que un error de la burocracia impidió que el general Barneix recibiera la citación correspondiente, por lo que aún no fue interrogado. No obstante, resultó significativo que una abogada, identificada como personal jurídico del Comando General del Ejército, haya presentado un escrito, a nombre de Barneix, solicitando la conclusión de las actuaciones por prescripción de la causa. También resultó significativo que el diario La República consignara que la citación a Barneix era en calidad de testigo, cuando en realidad es un indagado.


Los medios de comunicación de alcance nacional hasta ahora no han dado cuenta de la documentación encontrada en el expediente de la justicia militar. En cambio, el semanario El Eco de Nueva Palmira incorporó los elementos incriminatorios contra Barneix, Baudean y Puigvert en la extensa cobertura del tema a cargo de los periodistas Daniel Roselli y Gabriel Monteagudo. Los documentos, en especial los interrogatorios a los tres oficiales que realizaron el último "interrogatorio" a Perrini, son considerados excepcionales, porque hasta ahora no se registraron constancias tan directas sobre la tortura y los torturadores.


Barneix y los desaparecidos
En 1974, después de realizar cursos de especialización en la Escuela de las Américas, en las bases militares estadounidenses del Canal de Panamá, Pedro Barneix revistaba como teniente primero en el Batallón de Infantería número 4 de Colonia. A principios de marzo de ese año, Barneix integró el equipo de oficiales que interrogó a Aldo Perrini, después de lo cual el detenido falleció (véase nota central).


 La investigación de la justicia militar que siguió al asesinato de Perrini no impidió que el entonces teniente continuara su carrera ascendente en el Ejército, en especial en el área de inteligencia, en cuyas dependencias revistaba cuando explotó el escándalo del secuestro y asesinato del bioquímico chileno Eugenio Berríos, en 1993. Tampoco este episodio, por el que fue interrogado por la justicia departamental de Canelones, alteró su carrera ascendente, que lo ubicó, tras su designación como general, al frente de la Dirección Nacional de Inteligencia del Estado (Dinacie).

Con la asunción de Tabaré Vázquez, la cuestión de los derechos humanos tuvo un vuelco en la interna de las Fuerzas Armadas. El general Barneix, según las fuentes militares que consultaba El Observador, era uno de los oficiales superiores que se inclinaban por aportar la información que permitiera resolver la cuestión de los desaparecidos. Tales trascendidos mediáticos fueron al parecer confirmados por la decisión del presidente Vázquez de encargarle, junto con el general Carlos Díaz, la misión de obtener información en un relevamiento interno de las Fuerzas Armadas.

Los datos recabados fueron elevados al presidente por intermedio del comandante del Ejército, Ángel Bertolotti, y resultaron ser falsos o inconsistentes cuando se confrontaron con los trabajos de campo en los cuarteles donde hubo cementerios clandestinos. Barneix, quien por la falsedad de la información fue interrogado en sede judicial en el expediente sobre el "segundo vuelo", explicó que la información, recibida en forma anónima, no había sido verificada.

El general Barneix era jefe de la División de Ejército IV cuando su colega Carlos Díaz fue relevado de la comandancia del Ejército por su participación en reuniones de carácter político; su nombre fue manejado como posible sucesor. Cuando la decisión del presidente Vázquez recayó en el general Jorge Rosales, a despecho del criterio de antigüedad, algunos generales amenazaron con pasar a retiro. Barneix, en cambio, prefirió seguir al frente de la División IV y sustituyó temporalmente a Rosales en la Comandancia del Ejército. Pasó a retiro tras los ocho años reglamentarios en el generalato.

Su comprometida participación en el caso Perrini no era conocida ?según fuentes políticas consultadas? por el presidente Vázquez cuando lo designó para la delicada misión de obtener información sobre los secretos militares. El "caso Perrini" era otro secreto, pese a la investigación de la justicia militar.


El papel de los médicos

El juzgado que investiga el asesinato de Aldo Perrini tuvo dificultad (como ocurrió con el general Pedro Barneix) para establecer los domicilios de dos médicos que asesoraban a los torturadores en el cuartel de Colonia. El dato resulta fundamental para librar las citaciones de comparecencia obligatoria que permitirán interrogarlos.


Por lo menos una docena de testigos, ex presos políticos o simples ciudadanos, que en febrero y marzo de 1974 fueron detenidos y torturados en el Batallón de Infantería Número 4, coinciden en señalar la activa participación de los médicos Emilio Visca y Eduardo Solano como "asesores" de los torturadores.

Un testigo confirmó ante los magistrados que Solano, después de efectuarle una revisación en la enfermería del cuartel, debido a la fractura de tres costillas, le dijo a los militares que custodiaban al detenido: "Pueden seguir"; y el detenido regresó a la sala de torturas. Solano fue quien se presentó en el cuartel cuando Perrini "se desvaneció" y aconsejó internarlo en el Hospital de las Fuerzas Armadas debido a su "estado delicado".

Un comportamiento similar, reñido con su condición de médico, tuvo Emilio Visca. Según el testimonio de otro detenido, Visca supervisaba las sesiones de tortura; en su caso, después de auscultarlo, concluyó: "Sigan dándole, que se está haciendo el vivo".

Al respecto, el abogado Óscar López Goldaracena, que representa a los familiares de Aldo Perrini, solicitó, en el escrito presentado ante el juzgado, que se pida información al Colegio de Abogados y al Sindicato Médico del Uruguay para determinar si hubo en estos casos algún pronunciamiento de la Comisión de Ética Médica.

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